Se acercó a él pero sin dejar de poner mala cara, con los brazos abandonados a los lados y la cabeza baja, herida por aquella comparación, por aquel tiempo desperdiciado así porque sí. Andrea le cogió la mano, la atrajo hacia él y la besó.
- Tienes razón, perdóname.
- No vuelvas a decirlo nunca más.
- Te quiero.
- Eso sí, eso dímelo siempre.
Esta noche dime que me quieres, Federico Moccia

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